martes, 15 de agosto de 2017

De la noche al alba

La noche trágica se va

por los caminos del alba

sin volver la mirada.


El alma detenida

ante el espanto nacarado

pronuncia las viejas palabras

y sigue despacio la derrota.


De pronto, un cerrar de ojos

que encoge la tristeza

y la vuelca y la funde

con la verdad y la belleza,

como la misma muerte,

sin volver la cabeza.

domingo, 11 de junio de 2017

Microrrelatos (18): Las orquídeas mensajeras

Dicen que siempre las contemplaba embelesado y que no salía de su asombro cada vez que reparaba en los pequeños detalles del hermoso vestido que lucían para la visita anual que le cumplían.

La primera vez llegaron acompañadas de una joven dama del norte sabedora de la enorme desgracia que reinaba por entonces, y esa dama fue la que tan amablemente les presentó. Pero cuando aquel fatalismo sin nombre cesó, ellas mismas decidieron continuar su tarea y con toda su belleza regresaban al mismo lugar y en las mismas fechas para recordarle sin descanso lo que nunca debía olvidar, bajo ningún concepto, pasase lo que pasase.

Dicen que él siempre aguardaba impaciente y que las recibía dedicándoles todos sus desvelos, deseoso de volver a escuchar, una vez más, aquel trascendental mensaje que jamás dejó caer en el olvido. 

      

viernes, 12 de mayo de 2017

Escalera de oraciones

Nadie se lo había dicho nunca, pero siempre comprendió que hay un antes y un después de haber vivido semejante experiencia. Sabía que nada vuelve a ser lo mismo cuando todo ha concluido y no queda ninguno de los suyos en la calle. Esa ocasión fue como las precedentes, como si su propia vida se acabase y milagrosamente volviese a comenzar en un abrir y cerrar de ojos que venía a durar algo más de seis horas. Tiempo de sobra para convocar a solemnidad los más recónditos sentimientos y las más íntimas plegarias con las que tejer un purificador reencuentro con lo metafísico de su pasado, presente y futuro. La fría noche, sabedora de las verdades de cada uno, transcurrió como un hondo y largo suspiro. Como si el novísimo aire inspirado le reformara por dentro hasta las mismas esencias del espíritu, y el viejo aire expulsado alejara para siempre todo lo miserable que era capaz de albergar cual criatura imperfecta nacida de la misericordiosa voluntad del Padre.

Aquella vez, justificadamente apartado de la calurosa compañía de su Madre celestial, como un humilde Nicodemo que se reviste con el pesado  manto de una desconocida incertidumbre, cruzó gravemente la eterna Madrugada portando enérgico y convencido una escalera de madera oscura con la que ayudar honrosamente a iluminar el difícil y tormentoso camino del Señor, pero también con la que elevar sus más puras y preciadas oraciones a la mansedumbre del serenísimo rostro de aquel Dulcísimo Jesús Nazareno. Luz y oraciones. Oraciones para encontrar la luz necesaria. Luz para entender el último sentido de lo que sólo puede conjeturarse más allá de la implorante rogativa.

Foto: Fran Silva

Así atravesó en meditación el inconfundible laberinto de la ciudad hasta llegar a la gigantesca y apabullante Iglesia Catedral donde aguardaba inconmensurable, su Divina Majestad en el refulgente Monumento preparado para el acontecimiento. Allí fue el silencio, el inmutable silencio que parecía como si la faz entera de la Tierra contuviera el aliento hasta sus más abismales confines. Allí fue la doble genuflexión presentando confiadamente el alma ante el supremo Hacedor a modo de respetuoso y reverencial saludo.



Ya de vuelta, recién recogida la misteriosa estantigua en su modesta capilla, cuando pudo volver la vista atrás por primera vez, todavía abrazado al particular recogimiento que le imbuía, y cubierto por la densa oscuridad que invadía las naves, sólo débilmente afligida por las argénteas luminarias del paso del Señor, se detuvo petrificado con los ojos abiertos de par en par al comprobar que a lo largo del camino habían quedado esparcidas, como las sacras cuentas de un rosario de amor, todas aquellas súplicas por cada ausencia de los suyos, todos los ruegos por tantas intenciones, por tanta necesidad, tanto vacío y soledad. En verdad pareciera que no habían subido por aquella escalera como él hubiera deseado, porque allí mismo, después de haber seguido sus pasos con el mayor sigilo posible, permanecían mirándole de pie en la puerta, leales y complacidos, sus seres queridos que ya fueron llamados al cielo, acabando de recoger cuidadosamente las mismas cuentas de sus oraciones para tomarlas como propias y mostrarlas ante Dios; y al fin, para custodiarlas sine die mientras a él se le concediera la gracia de continuar su existencia, la que justamente venía ocurriendo los últimos años, entre el indefectible final de una hermosa Madrugada y el anhelado principio de la siguiente.

Foto: Aguilar Ariza

viernes, 28 de abril de 2017

Jardín de lectura

Tener al alcance de la mano un espacio ajardinado con caminos de albero delimitando parterres ocupados por esbeltas araucarias, palmeras, naranjos, costillas de Adán y dragos, no es cualquier cosa. De hecho, es un verdadero privilegio.


Un lugar relativamente apartado del mundanal ruido, circundado por llamativos pabellones de estilo británico-colonial revestidos de almagre y blanco, en el que cada mañana se dan cita el calor tibio del sol, la sombra de los árboles, la frescura del aire, el vuelo de los gorriones, las urracas y las palomas, y el sonido cuasi hipnótico y relajante del agua manando incansable de la centenaria fuente de los tritones, no puede ser sino un sitio perfecto para disfrutar con los sentidos y el alma. Incluso invita a llevar consigo algo de lectura reposada para complacer alguna que otra demanda intelectual con la que aprender tierras nuevas.



Allí se halla también la mirada serena y observadora de Inca Garcilaso de la Vega mientras Platero –pequeño, suave y peludo- juega con trotecillo alegre, suelto en el prado. Yo creo que apreciar y disfrutar de estas afortunadas pequeñeces es lo que constituye la vida, la verdadera vida. 


viernes, 21 de abril de 2017

Microrrelatos (17): El regreso

Había estado escribiendo a lo largo de varios años con toda  la ilusión por aprender y hacer las cosas mejor que bien. Los artículos nacían casi sin pensarlos, uno detrás de otro. Pero un buen día se dio cuenta de que se había quedado sin palabras, acaso sin renglones que completar. Respiró hondo y contempló el vertiginoso mundo que le rodeaba y supo entender que sólo tenía brazos, manos y amor con los que sostener a quien más amaba, a quien más le necesitaba en aquella hora. No quedaban palabras por escribir. La tarea era otra, y él ya lo sabía. 


viernes, 27 de marzo de 2015

Pascha

El tiempo de la espera se ha consumado. De nuevo, los días más anhelados regresan por el camino más corto. Otra vez, las emociones más nobles vendrán determinadas por el pulso de nuestra frágil memoria y volverán a apoderarse de nosotros como si nunca antes las hubiéramos vivido. De nuevo, nuestros mejores recuerdos retornarán con todo el peso y la claridad posibles para recordarnos quiénes fuimos y de dónde procedemos. De nuevo, los días se harán más pausados y las noches más aceleradas. En todo caso serán más espesos porque el valor sentimental de cada escena convertirá el tránsito de las horas en una tarea aún más ardua para cualquiera que se acerque a ver caminar esos enormes galeones dorados y esos palacios de exquisita orfebrería en los que el Hijo de Dios y su Madre Bendita serán paseados por la ciudad. A veces no respiraremos, a veces no pensaremos y a veces sólo sentiremos. Por eso, debemos de cuidar los sentidos con esmero y abrir de par en par las puertas de nuestra casa para dejar que la luz purificadora entre y renueve cada rincón. Ha llegado el tiempo sin medida de la frontera entre lo pasado y lo venidero. Ha llegado, por fin, nuestra Pascha.